¿Bessent, el que infla el yen pero no sostiene los bonos, es un lastre para la renta variable estadounidense?

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Autor original: Long Yue

Fuente original: Wall Street CN

 

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, actuó en dos frentes esta semana: primero advirtió con dureza al mercado que no apostara contra el yen, y la divisa japonesa se fortaleció de inmediato; después amplió considerablemente el programa de recompra de deuda pública para intentar contener los rendimientos a largo plazo. Resultado: el yen subió, pero los bonos del Tesoro cayeron.

Por separado, cada medida tiene su lógica. Juntas, sin embargo, suponen una doble amenaza para el mercado alcista de casi cuatro años de la renta variable estadounidense: el fortalecimiento del yen golpea las operaciones de carry trade y el repunte de los rendimientos de los bonos presiona las valoraciones.

El miércoles 9 de septiembre, las bolsas estadounidenses encadenaron su tercera jornada consecutiva de caídas. El Dow Jones perdió más de 400 puntos, un 0,8%; el S&P 500 cedió un 0,5%; y el Nasdaq retrocedió un 0,6%. Los valores tecnológicos de inteligencia artificial fueron los más castigados.

 

La recompra de bonos, un «lanzaguisantes» que no convence al mercado

El miércoles, el Tesoro estadounidense anunció que elevaría a 6.000 millones de dólares el límite de cada operación de recompra de deuda a largo plazo, el triple de lo previsto el mes anterior.

Pero la reacción del mercado fue de decepción.

Bessent había insinuado públicamente que la recompra podría superar los 4.000 millones de dólares, y Wall Street llegó a esperar un límite de entre 8.000 y 10.000 millones por operación. Cuando se conoció la cifra de 6.000 millones, los rendimientos de la deuda no bajaron, sino que subieron.

El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años tocó el 4,836% intradía, su nivel más alto desde octubre de 2023. El del bono a 30 años se situó en el 5,285%, cerca del máximo de dos décadas del 5,30% registrado el mes pasado.

Elias Haddad, de Brown Brothers Harriman & Co., fue directo: «Por ahora, el Tesoro viene con un lanzaguisantes a una batalla de tanques».

Steven Zeng, estratega de Deutsche Bank, también señaló: «Es como si el Tesoro hubiera creado un monstruo y ahora tuviera que alimentarlo sin parar». Apuntó que el anuncio de 6.000 millones no logró el «efecto disuasorio» que esperaban los inversores.

Más tarde ese mismo miércoles, el Tesoro subastó 39.000 millones de dólares en bonos a 10 años con un rendimiento del 4,834%, el más alto jamás registrado en una subasta de ese plazo.

Dustin Reid, estratega jefe de renta fija de Mackenzie Investments, afirmó: «Todavía es pronto para saber cómo van a gestionar esta situación. Seguro que al Tesoro no le ha gustado nada la reacción del mercado de hoy».

 

El propio Bessent admite que no puede controlar el precio de «equilibrio»

Ante la fuerte reacción del mercado, Bessent reconoció el martes en un acto en Texas que no puede cambiar el precio de «equilibrio» de la deuda pública y que su objetivo se limita a ralentizar el ritmo de las fluctuaciones de precios y evitar que se consoliden narrativas perjudiciales.

Atribuyó el rápido repunte de los tipos a largo plazo al pánico del mercado ante la idea de que «Estados Unidos no puede pagar su deuda», un temor que calificó de «absurdo, aunque llegó a convertirse en la narrativa dominante».

Los estrategas macro de Wells Fargo Angelo Manolatos y Francis Brown señalaron en un informe que «se necesitarían otros catalizadores para que los rendimientos a largo plazo bajaran», como una desaceleración del crecimiento y de la inflación, un descenso de los precios de la energía, una menor incertidumbre sobre la política de la Reserva Federal, una consolidación fiscal o una contracción de la emisión de deuda corporativa.

La realidad actual es que no se cumple ninguna de esas condiciones. Los altos precios del petróleo siguen alimentando las expectativas de inflación, y el mercado descuenta una probabilidad del 62% de que la Reserva Federal suba los tipos en la reunión del FOMC de la próxima semana. La emisión de deuda corporativa también está en su pico estacional esta semana: el martes acudieron al mercado 18 emisores, la tercera jornada más activa del año.

 

«Yo soy la casa»: subió el yen a base de palabras, pero ¿a qué precio?

Un día antes del fiasco de la recompra de bonos, Bessent lanzó una dura advertencia a los operadores que apostaban contra el yen en el mismo acto celebrado en Texas.

Según Bloomberg, dijo: «Ahora mismo yo soy la casa, así que cuando intervenimos en el yen sé perfectamente lo que van a hacer los japoneses, el Banco de Japón y las autoridades japonesas. Si quieren apostar contra mí, adelante».

Su confianza se apoya en dos factores: por un lado, Bessent afirma conocer los movimientos de las autoridades japonesas; por otro, según se informa, el Banco de Japón se inclina por subir su tipo de interés de referencia en 25 puntos básicos este mes.

El yen prolongó su avance el miércoles y llegó a tocar los 153,49 yenes por dólar, después de registrar un día antes su nivel más fuerte desde febrero.

Pero el problema es que un yen más fuerte no es una buena noticia para la renta variable estadounidense.

 

El yen sube y la «bomba de relojería» del carry trade empieza a hacer tictac

El yen ha sido durante mucho tiempo la divisa de financiación más barata del mundo. La lógica típica del carry trade es pedir prestado en yenes a tipos bajos, cambiarlos a dólares y comprar activos de alta rentabilidad como las acciones tecnológicas estadounidenses.

Un yen más fuerte encarece esa operación y presiona a los inversores para que cierren sus posiciones.

Steve Sosnick, estratega jefe de Interactive Brokers, afirmó que el actual impulso alcista del yen «ya es suficiente para hacer tambalearse a algunos de los que se endeudaron en yenes para apalancarse en las acciones estadounidenses de alto vuelo».

Rich Privorotsky, responsable del negocio de Delta-One de Goldman Sachs, también señaló que, se mire como se mire el discurso de Bessent, «el yen se está apreciando de forma objetiva y el mercado apuesta por un endurecimiento del Banco de Japón y por la repatriación de capitales».

Y planteó una pregunta clave: «¿Qué pasará cuando se deshagan las operaciones de carry trade en yenes y el capital vuelva a los bonos y las acciones japonesas?»

Su diagnóstico: «El S&P y los grandes valores se sienten extrañamente pesados, sin una razón fundamental evidente. Merece la pena vigilar si algunas posiciones apalancadas y de carry trade se están deshaciendo silenciosamente del sistema».

Jordan Rizzuto, director de inversiones de GammaRoad Capital Partners, lo resumió sin rodeos: «Es el mayor riesgo al que se enfrenta este mercado alcista».

 

El dilema de Bessent: el yen no puede estar ni demasiado débil ni demasiado fuerte

Hay una contradicción interna que está lastrando la lógica de la política de Bessent.

Según MarketWatch, las tenencias de valores extranjeros de Japón cayeron en casi 88.000 millones de dólares a finales de agosto. Japón ha sido históricamente un importante tenedor de deuda estadounidense.

Rizzuto, de GammaRoad, advirtió de que si Japón está vendiendo activos de deuda estadounidense en estos momentos, es un dato que merece mucha atención, porque se produce justo después de que Estados Unidos y Japón intervinieran de forma coordinada en el mercado de divisas para sostener el yen. «Eso te da una idea del peso de estas dos cosas», dijo.

El Tesoro quiere que el yen esté lo bastante fuerte para que Japón no necesite vender deuda estadounidense para obtener financiación. Pero si el yen sube demasiado rápido, el desmantelamiento masivo de operaciones de carry trade golpearía de forma aún más directa a las acciones tecnológicas estadounidenses.

Algunos operadores ya comentan en privado si Bessent no habrá invertido la relación de causalidad: pretende aliviar la presión sobre los bonos a largo plazo empujando al alza el yen, cuando tradicionalmente son los diferenciales de tipos los que mueven los flujos de divisas, y no al revés.

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